Guadalajara, Jalisco. México. 1970.

Escritor, gestor y Periodista Cultural. Egresado de la licenciatura en ciencias de la comunicación por la Universidad Veracruz de Guadalajara (UNIVER) y de la licenciatura en Desarrollo Cultural por la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Director de Panóptica ediciones y del proyecto virtual. Editor de la sección Cultural de la Revista Evidencia. Reportero y responsable de la sección cultural del noticiero Status Informativo de Radio D. K. 1250 de A. M. Como periodista cultural en medios impresos ha escrito para los internacionales, el Ángel Azul de Argentina, los medios El Semanario El siglo y la revista de literatura Alerce de chile. Ha colaborado para la revista peruana de análisis político Cabildo Abierto y en el ámbito de lo nacional fue consejero editorial de la revista especializada en teatro y danza Teatranza, columnista de la revista de Información laboral Overol, de la revista punto de mira, de la Yubai, y de la Villette Ensayo. De esta última fue subdidrector de la versión impresa y virtual; desempeñándose además como Web master de la versión digital. En el ámbito de la creación de página ha generado las páginas de los escritores Efrén Roura, José Ruiz Mercado, y Hugo Salcedo así también como la página de la soprano Nayarita Alma Rocío Jiménez y el fotógrafo Ipsaim Ruiz. Asimismo ha dado mantenimiento a la página de la Productora Entre Puentes y generó la versión digital de Teatranza. En este ámbito de la virtualidad fue corresponsal fre-lance de lanetro.com y lateatral.com. En el ámbito del arte escénico fue actor de la compañía Pepecuicatls, del grupo teatral los hijos de la luna, del Grupo Tacto y colaboró con el colectivo Tsaurixca. Becario del fondo estatal para cultura y las artes del estado de Jalisco, por el proyecto de creación dramática los hijos del quinto feudo, en el año de 1998. En ámbito de creación teatral ha publicado Los hijos del quinto feudo y las piedras caen, las piedras ruedan. Los dos libros editados por panóptica ediciones. Entre tus textos editados en antología se encuentra la obra de teatro Manolo Gallosa que aparece en el 2000 en la antología Malditos de Plaza Editores. En el 2004 la facultad de pesca de la Universidad Autónoma de Nayarit le hace una invitación especial a participar en una antología de poesía y prosa en el que se publica para el 2005 su texto narrativo la sinfonía del adiós. Dicho texto es publicado en la Antología Mi barco anclado en el mar de siempre. Dentro del campo ensayístico aparece su ensayo migración y teatro, mismo que es editado en la antología Frontera Norte/South Border. Una edición del Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noroeste y que forma parte de la colección Milenaria
(literatura actual Teatro). En el 2001 en una edición especial realizada por la secretaria de Cultura del estado de Jalisco con ocasión de la muestra Nacional de Teatro es editado el texto los personajes femeninos en el teatro de Jalisco. El referido texto aparece por esta causa en la antología de Los estilos del teatro en Jalisco. Un libro de reflexión teórica que contiene los trabajos ensayísticos de José Ruiz Mercado y Teofilo Guerrero.

Cabe mencionar que entre el currículo de Jesús Cruz Flores se cuenta su pertenencia como miembro fundador del movimiento letra en escena dramaturgia Jalisciense. Movimiento generado y coordinado por Vicente Leñero. Asimismo Jesús Cruz Flores tiene en su haber la pertenencia a la asociación mexicana de Investigación Teatral (AMIT/ITI/UNESCO). En el ámbito d ela investigación teatral ha impartido conferencias en diversas universidades e institutos entre los que se cuentan: Las facultades de Filosofía y letras de la Universidad Autónoma de México (UNAM), la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), y la Universidad de Guadalajara entre otras universidades del país mexicano. Sus libros publicados son Engullir otros sueños. En el ámbito de la poesía sus textos se han publicado en diversas revistas del país mexicano y en el exterior en medios virtuales e impresos. Entre sus poemarios editados se cuenta a: Engullir otros sueños publicado por Ediciones Teatranza en el año de 1996; y La luz era una eterna sinfonía del Eros publicado por Panóptica Ediciones en el año 2005.Dentro de ámbito de su exploración artística en octubre de 2006 (del 18 al 31) su obra pictórica y poética es expuesta en Cultural mar del plata 2006 en dos espacios. 8 fotografías sirven de soporte a 8 textos poéticos de Jesús Cruz Flores. Mismos qu ese exponen en dos lugares de la ciudad argentina del Mar del Plata. En a sede del evento inaugural, de cultural mar del plata, la Asociación de Casinos Nacionales y en el Estudio Mattion in Brunetti

sábado, diciembre 16, 2006

Las piedras caen, las piedras ruedan

Por: Jesús Cruz Flores.
Registro de derecho de autor: 03-2006-033110250900-14

Personajes:

Cuerpos (se recomienda que sean muñecos).
Donaciano.
Espectro.
Hombres 1 y 2.
La prieta.
Llorona.
Mujer.
Mujeres de blanco 1, 2, 3.
Mujer de Negro.
Natividad (niño y adulto).
Soldado raso.
Sombra.

-Xochitzin, néhuatl amo ninohuelihttazquía,
amo nicuicazquia amo nipahpaquizquía intla
amo nicmatía nochipa nihualmocuepa
noameyalco. In ameyalli ca atóyatl iyollo.

-¿Crees, florecita, que bajaría tan alegremente las faldas de la montaña
y serpentearía tan maliciosamente en los flancos de nuestra madre tierra,
si supiera que voy a desaparecer en la inmensidad del océano?
El mar gigantesco hacia el cual tienden todos los ríos del mundo
no es más que el pretexto de un retorno al manantial de donde brotan.
El infinito se encuentra siempre río arriba...
(Patrick Johansson K. Ahnelhuayoxóchitl. Flor sin raíz)

Para: Rosa Elena, Eliézer Gerardo (+), María de las Mercedes,
Carlos Enrique, Gabriel Omar y José Felipe de Jesús Cruz Flores.
Para: Blanca Lenina Novelo Martín y Fricka Alexandra.
Para mis maestros: el gran amigo José Ruiz Mercado y Vicente Leñero.
Para: Efrén Roura, Dante Medina, y, Teófilo Guerrero.
Y para los vagones en el tren de la existencia

(Época de la revolución mexicana. Los grillos cantan. De vez en vez un relámpago ilumina la noche, de vez en vez una luciérnaga lanza destellos que agonizan, de vez en vez un lamento se dejar oír entre el sonido de un arroyo que arrastra piedras. Un clarín de batalla se escucha a la lejanía y el nutrido sonar de los disparos se entremezclan con el sonido del agua. En el escenario se encuentran diseminados algunos cuerpos. Arriba izquierda, La silueta de la mujer se avizora a la distancia. Se mueve lenta pero con paso firme. Toda de negro de los pies a la cabeza. No se distingue su edad pero se intuye con la madurez de los siglos. Un grupo de mujeres vestidas de blanco intenso. Caminan entre los muertos. La mujer de negro es dueña y señora en el medio del paisaje desolador.)
Mujer de blanco 1. - Los tecolotes Cantaron, los perros aullaron y la luna y el cielo estaban rojos. Tan encendidos como los ojos del sargento.
Mujer de blanco 2. - Un rojo intenso, tan intenso como la sangre que corre con la fuerza del arroyo crecido.

Mujer de blanco 1. -Hubo una batalla.
Mujer de blanco 2. -Una más de las muchas que ella ha visto.
Mujer de blanco 3. - Nada más allá de una batalla donde los hombres mataron. Donde los hombres murieron y las mujeres no pudieron quedarse impávidas.
Mujer de blanco 2. - Mejor morir que ser afrentada.
Mujer de blanco 1. - Mejor volverse polvo que remontan el viento en su vagar
Mujer de blanco 1,2,3. - Mejor morir en la raya qué ser montada por la plebe. (La mujer de negro lanza una risa al viento y sale. Las mujeres caen al piso. La prieta entra, revisa los cuerpos caídos. Les extrae cuanto poseen. Un cenital con luz tenue. Un soldado de leva monologa con un militar de más alto rango, en la frente del teniente se observa un orificio de donde brota un hilito de sangre. El militar de leva fuma nerviosamente un cigarro. Su rifle, con bayoneta calada, cuelga de su hombro.)
Soldado raso.- Con el debido respeto, mi teniente. Pos. No debimos acampar de este lado, con el arroyo crecido a las espaldas y el enemigo de frente.
Sin embargo bien que cumplimos la ordenanza. Ya ve usted. Le dimos con todo y les causamos munchas bajas. Pero eran munchos, munchos. Ansina de sombrerudos y de indios patas rajadas. Pos, nos cayeron en bola como caen los jejenes al ponerse el sol, y ni como acabar con tantos. Mi teniente. Les dimos con todo, pero eran munchos. Mi teniente. Eran munchos para una tropa cansada y hambrienta. (La prieta se acerca al teniente. Extrae de entre sus ropas una licorera. Sonríe por el descubrimiento. El soldado de leva esta ausente. La prieta empuja el cuerpo del teniente de un puntapié. El soldado se cuadra ante el teniente. La prieta sonríe con aire desaprobatorio. Toma un trago. Luego otro para escupirlo a la cara del soldado. Este reacciona. La Prieta le da la licorera, el soldado toma de silla el cadáver del teniente. La prieta continua desvalijando cuerpos. Donaciano entra, el rifle en mano y el dedo en el gatillo. Detrás de él una mujer se mueve con precaución: La mujer trae a la espalda un chilpayate. Donaciano llega hacia un cuerpo. La bayoneta roza el cuello del cadáver. Retira un poco el fúsil del cuerpo, y acto seguido encaja la bayoneta en el corazón. )
Mujer.- ¿Estaba vivo?
Donaciano.- (moviendo los hombros) ya no lo está.
Mujer.- Alguien debió decirles de la fiereza de estos alzados.
Donaciano.- Se los dije mujer, pero no me creyeron.
Mujer.- Pues solo quedamos nosotros.
Donaciano.- También están vivos la prieta y el Fidel
Mujer.- Esos también.
Donaciano.- ¿Los traes atravesados?
Mujer.- Hubieras convencido al teniente de parar el campamento del otro lado
Donaciano.- ¿Desde cuando el hombre de mando ha de confiar en los de menor valía? Menos aún cuando el que habla es un militar de leva. No hay más que callar y obedecer. No hay medallas, no hay grados, solo el orden y la sumisión.
Mujer.- Con esos piensos, el mundo esta patas pa´ arriba.
Donaciano.- Pos así ha estado siempre.
La prieta.- ¡Viejo zorrillo! ¡ Mira nomás que hermosa estrella traías al pescuezo!
(Donaciano se la quita. La mira con marcada curiosidad. La mujer lo mira interrogante.) ¡Donaciano Flores Galván! Hijo de rotos y pata rajada. ¡Esa medalla es mía, solo mía!
Donaciano.- Búscate otra. ( la mujer echa pestes en tanto que sigue hurgando entre las ropas del difunto)
Mujer.- Era de ella (Donaciano, se acerca a la mujer, le pone la cadena al cuello es una estrella de seis picos contenida en un círculo.)
Donaciano.- Nunca lo fue.
Mujer.- ¿Por qué haces esto?
Donaciano.- ¿Qué?
Mujer.- No era tuyo.
Donaciano.- De ella tampoco.
Mujer.- ¿En qué piensas?
Donaciano.- Dicen qué mi padre era un judío errante.
Mujer.- ¿Alguna vez lo viste?
Donaciano.- Dicen que dejó la semilla y se fue, sin más nada.
Mujer.- Tal vez no tuvo el tiempo de volver a donde tu madre.
Donaciano.- Seguramente los tiempos le fueron una gran rueda de carreta que giraba y giraba e iba a demasiados mundos, pero el suyo era ninguno.
Mujer.- Donaciano (La besa, las caricias suben de tono. Ella detiene bruscamente a Donaciano. El bebe llora. Ella le va a ofrecer el alimento de sus propios veneros. Toma asiento en una enorme roca. Donaciano impaciente, le quita el bebe de los brazos, lo deja sobre el piso, ella intenta detenerlo. Él la toma en sus brazos la besa. A la distancia la prieta los observa. El soldado continua su charla con el teniente Ellos la ignoran. La luz va al oscuro en tanto los cuerpos buscan acoplarse.
La noche con sus ruidos, de vez en vez una luciérnaga ilumina la noche. Se escucha el sonido de los grillos, el croar de las ranas, el arroyo soltando al viento su melodía, el sonido de un ave nocturna a manera de presagio. La mujer amamanta a un hijo. Juego de siluetas. En cuclillas la mujer le ofrece el hijo a Donaciano. Este no lo toma. Ella mira a Donaciano. Él es de hielo. Ella va a salir con su carga. Se detiene y lo deja sobre el piso. El bulto del bebé en el medio del escenario. La luz en tonos grises va hacia la oscuridad. Un niño duerme sobre el piso. Donaciano le da la espalda a su hijo. Una mujer llora a sus hijos perdidos. )
Natividad.- Apá, Apá .(Intenta abrazar a Donaciano)
Donaciano.- Irálo, cabrón.
Natividad.- Apá.
Donaciano.- ¿A qué le tiene miedo?
Natividad.- A eso.
Donaciano.- Es la llorona y es vieja.
Natividad.- Grita muy feo.
Donaciano.- Por lo mismo que le digo pues... .
Acostúmbrese a lidiar con los muertos. Ya lo viera con el fúsil en la mano y la muerte a un lado a ver que hacía
Natividad.- ¿llora por alguien?
Donaciano.- Los ahogó un día y ahora los busca por todos lados. ( Saca de su funda un machete. Pero lo medita y lo guarda.) Péreme aquí.
Natividad.- No, apá.
Donaciano.- No sea llorón.
( Donaciano sale del jacal, el niño se acurruca en un petate, se tapa con una cobija, tiembla de miedo, la llorona sigue con su pregón.) Busca a tus críos por otra parte o vuélvete a la tumba, lloroncita.
Llorona.- Donaciano.
Donaciano.- Tanto tiempo, llorona. Tanto tiempo.
Llorona.- Unos minutos de no verte y ya eres un hombre malo.
Donaciano.- He crecido en estos años de errar y mal tragar.
Llorona.- Y has aprendido a ser malo.
Donaciano.- ¿A dónde vas con tanta palabrería?
Llorona.- Yo busco a mis hijos, y tu has dejado rodar a las que tienes.
Donaciano.- ¿Sabes? Se han ido por su propio pie. La mayor recién cumplidos los 12 se fue a la ciudad.
Llorona.- ¿Por qué se fueron?
Donaciano.- Las mujeres son así.
Llorona.- Te desconozco.
Donaciano.- La gente cambia.
Llorona.- A veces se vuelve más bruta y mala.
Donaciano.- Se han ido como se fue la madre.
Llorona.- Van descalzas.
Donaciano.- Todos nacemos desnudos, sin más nada.
Llorona.- Van río arriba. La mayorcita lleva a la otra. La va cargando sobre sus lomos y a veces cae por tierra de cansancio.
Donaciano.- ¿Y?
Llorona.- Mira que da pena verlas. 9 años tiene la una, 3 años tiene la otra. Van en busca de la madre. Van apenas, apenitas.
Donaciano.- Así lo decidieron, y yo no he de ir en tras de ellas.
Llorona.- Eres malo.
Donaciano.- Soy lo que soy.
Llorona.- Te queda un hijo en el nido. Solo uno, uno solo.
Donaciano.- Ese se queda conmigo.
Llorona.- Yo solo busco a los míos.
Donaciano.- Sigue entonces tu camino.
Llorona.- Mis hijos se los llevó el río. Mis hijos, mis pobres hijos.
(La llorona sale, el niño duerme ahora, Donaciano regresa a dónde él. Lo mira dormir. Hace frío. Natividad esta cubierto con una frazada delgada. Donaciano. Toma un trago de mezcal, saca una baraja, hace suertes con ella. Amanece.)
Donaciano.- Ya levántese, huevón.
Natividad.- Hace frío.
Donaciano.- ¿No me oyó?
Natividad.- Sí, apá.
Donaciano.- Pues no se nota. Ándele, lleve a pastar a las mulas y no se tarde.
Natividad.-¿Tendrá jugada?
Donaciano.- Su labor es cuidar animales y callar el hocico.
Ándele, váyase al monte y de pasada corte unas tunas para que trague.
Natividad.- Sí, apá.
(Donaciano queda solo, toma un trago largo, luego se echa otro más. Suena una guitarra. Donaciano saca una fotografía, la mira, vuelve a dar un sorbo a la botella. La luz se oscurece. Es otro espacio. Una mesa cuadrada de madera y algunas botellas. )
Donaciano.- Gané.
Hombre 1. - Demasiada suerte la suya.
Donaciano.- La suficiente mi amigo. Pero también tengo tanates para sostenerla. ¿O qué?
Hombre 1.- Yo nomás decía.
Donaciano.- Pues no diga que parece vieja.
Hombre 2.- Hombre, don chanito.
Donaciano.- ¿Quieren juego o quieren bola?
Hombre 2.- Somos gente de paz don Chano.
Donaciano.- Pues sígalo siendo. (El hombre 1 saca el dinero. Lo pone sobre la mesa y sale.)
Donaciano.- Yo pago las copas.
(Donaciano y el hombre beben. La escena se congela. Entra la mujer. Una luz divide la mesa. De un lado sombra, del otro; oscuridad. Hombre 2 queda del lado oscuro. Donaciano continua bebiendo. Pareciera querer acabar a toda prisa con la botella de Tequila )
Mujer.- Los hombres beben para olvidarse de sí mismos y aluego dicen que es por nosotras. Son tan débiles que a veces hasta parecen niños y dan ganas de meterlos muy dentrito de una.... (Donaciano se lleva a los labios un limón y hace una mueca de reflexión. La llorona entra. Mira a la mujer quién se cubre con su reboso e intenta salir intempestivamente. Llorona le cierra el paso.)
Llorona.- Las mujeres, solo soltamos nuestro llanto como una ofrenda a la tierra. Las mujeres lloramos, por qué una vez que hemos soltado la semilla la regamos día con día.
Donaciano.- ¿Quién anda ahí?
Mujer.-...
Donaciano.- ¿Eres tú, mujer?
Llorona.- Soy mujer.
Donaciano.- ¿Quién eres?
Llorona.- Soy el llanto que navega río abajo.
Donaciano.- Llorona, llorona. Eres una llorona.
Llorona.- La misma que conociste cuando jugabas con los chaneques.
Donaciano.- Creo recordarlo. A lo lejos cruzaba una panga. Tú venías por sobre de ella. La gente enmudeció de terror al escucharte, y yo le pedí a los chaneques que me llevarán río abajo para consolarte.
Llorona.- Así lo hicieron.
Donaciano.- Pos, ello... siempre hacen lo que yo quiero.
Llorona.- Me gusto la flor que me diste.
Donaciano.- Lo sé
Llorona.- ¿Sabes que fue tu maliciosa inocencia lo que me hizo reír?
Donaciano.- Te ofrecí una cuna de moisés para tus hijos.
Llorona.- No la necesitan. Mi niño. Te lo dije y tú lo tomaste a desaire.
Donaciano.- Entonces era un escuincle.
Llorona.- Y lo sigues siendo...
Donaciano.- - Te equivocas.
Llorona.- Conozco demasiado la fragilidad humana.
Donaciano.- ¿Cuánto es una demasía?
(Entra la prieta. Trae un reloj de bolsillo. Lo ofrece a los presentes. El hombre se interesa en él. Lo mira con detalle, pero también de vez en cuando mira las formas curvilíneas de la prieta. )
La prieta.- ¿Un relojito?
Hombre 2.- Déjame verlo.
La prieta.- Lo vendo barato.
Hombre 2.- ¿Qué tanto es barato?
La prieta.- Ahórquese usted mismo.
Hombre 2.- Póngale precio.
La prieta.- Tal vez a usted no le resulte caro
Donaciano.- ¿A quién se lo has robado? Prieta del demonio.
La prieta.- Yo no soy ladrona, Donaciano.
Hombre 2.- Es fino.
La prieta.- Plata de a ley.
Hombre 2.- La buena hechura se le mira a leguas.
Donaciano.- La prieta tiene ojo de águila para lo fino.
La prieta.- A otras les gusta lo corriente pero a mí no.
Donaciano.- Cuida tu lengua prieta.
La prieta.- ¿Por qué he de hacerlo soldadito?
Donaciano.- Por qué lo mando.
La prieta.- ¿Sabes en dónde anda tu mujer?
Hombre 2.- Don Chanito, yo me retiro.
Donaciano.- Hace bien.
La prieta.- Oiga, mi réloj.
Hombre 2.- Yo no lo tengo...
Donaciano.- Se haces guaje el güey.
Hombre 2.- Don...
Donaciano.- Cómprelo o déjelo y lárguese.
Hombre 2.- Es buena la maquinaria de tu relojito, y pos, me cuadra el dibujo del ferrocarril. Un buen reloj el tuyo, prieta. Un buen reloj. (El hombre mira a la mujer y la mujer lo mira entre coqueta y retadora. El hombre saca unos billetes y se los da, la prieta le pide más y finalmente el trato se hace. El hombre sale)
La prieta.- Un buen negocio, don Chano.
Donaciano.- ¿Sabes algo?
La prieta.- ¿Quieres saberlo?
( Donaciano la aprieta del hombro, ella se queja, él no la suelta.
Entra natividad ya adulto. Un cenital. )
Natividad.- ¿Jefe?
Donaciano.- ¿Sabe lo de su madre?
Natividad.- Me la encontré en el otro pueblo.
Donaciano.- ¿Iba sola?
Natividad.- ¿Para qué quiere saberlo?.
Donaciano.- No le puede contestar bien al viejo.
Natividad.- Venía del brazo con alguien de mi edad.
Donaciano.- ¿Le habló usted?
Natividad.- Me ignoró y la ignoré.
Donaciano.- ...
Natividad.- Eso es todo.
De ahí me fui con mi suegro pa´ la merca de unas enaguas para María.
Donacianos.- Así son las viejas.
Natividad.- Usted lo dice
Donaciano.- Más sabe el diablo por viejo que por diablo mijo.
Natividad.- Sabe bien sus motivos.
Yo solamente vine a traerle la razón que me voy pa' Nayarit.
Donaciano.- Ta´ bueno. Pero recuerde que la mujer bien vigilada jamás vuela.
Natividad.- Bien tratada, bien comida, bien querida y es mejor que presa y a medias tintas.
Donaciano.- ...
Natividad.- Además no la estoy dejando.
Donaciano.- Ta' bueno, usted váyase de judío errante, como lo ha hecho otras veces, como lo han hecho también sus hermanas.
Natividad.- ¿Sabe algo de ellas?
Donaciano.- No. Ya ve que más tardaron en irse que la madre en regresarlas, y más tardaron en llegar a mi casa que en medio crecer e irse.
Natividad.- Usted, ya ni la riega. Llegar por sus cosas. recoger su cobija y su machete para largarse sin decir adonde y dejando sola a la más chica. Jaló pa' mi casa y al parecer no aguanto a la María con quien la dejé para irme a trabajar en el Nayar. A sus 10 años se fue de casa en casa hasta llegar a Guadalajara. De ahí. Según me dijeron la Josefina la mantuvo, luego llegó la Clara y se la llevo para hermosillo. De vez en vez enviaban razón con alguien. Más nada más.
¿Le pasa algo?
Donaciano.- Esta mañana llegó de visita un chuparrosas. Traía una pequeña flor en el pico. (Natividad lo mira interrogante.) Nunca aprendió a interpretar a los sinos.
Natividad.- Mi madre lo hacía muy bien.
Donaciano.- Su madre hacía muchas cosas.
Natividad.-....
Donaciano.- ¿Tampoco sabe leer?
Natividad.- Para mí no hubo escuelas. Solo trabajo, sudor y palos.
Cuando el hambre era mucha solían irme al charco de las
tortugas. Tomaba una y la aventaba a la brasas. Ahí se retorcía hasta quedarse quietecita, luego con una piedra reventaba el caparazón y que rica me sabía la pobrecita. Mientras usted jugando y malgastando.
Donaciano.- En el hueco de ese árbol llegue a tener 30 mil pesos de los de antes.
Natividad.- Y nosotros con el estómago vacío. El cuerpo dolorido, los piojos blancos en la piel, los negros en la cabeza.
Donaciano.- Su madre no debió de irse.
Natividad.- Lo malo es que se fue sin equipaje.
Donaciano.- Nada tonta. Los bultos, además de pesar, estorban.
( Natividad sale, Donaciano mira al infinito. Se escucha el llanto de la llorona. Donaciano se muestra indiferente.)
Donaciano.- De vuelta vienes a mí.
Llorona.- Vi a tu hijo río abajo.
Donaciano.- Tu siempre miras a todos
Llorona.- Lo vi llorar mí pena.
Donaciano.- Los hombres no lloran.
Llorona.- Tu también has llorado bajo la sobra del agüilote. Has llorado mientras la lluvia cubría tu cara y el arroyo crecía.
Donaciano.- Jamás.
Llorona.- ¿Por quién lo has hecho?
Donaciano.- Por nadie.
Llorona.- ¿Has visto el transitar de las lágrimas?
Donaciano.- ...
Llorona.- Ruedan y ruedan para llegar al río. El arroyo lleva al río, el río besa el estero, el estero besa al mar. La soledad. La soledad quiere llevarte. La soledad te hace llorar.
Donaciano.- Mentiras.
Llorona.- Tu soledad sabe a nostalgias, a cabellos mecidos por el aire, a sudor entre las sábanas.
Donaciano.- ¿De dónde sacas las palabras?
Llorona.- Las ausencias pesan una eternidad.
Donaciano.- Vete a descansar.
Llorona.- ¿Cuándo yo lo haga tú lo harás?
Donaciano.- ¿Qué te propones demostrar?
Llorona.- Yo no descanso ¿Tú lo harás alguna vez?
Donaciano.- Yo no tengo pena que purgar.
Llorona.- Pero la purgas. La vas cargando a cuestas o la arrastras cuando te pesa demasiado.
Donaciano.- Tú que sabes.
(La llorona ríe de manera estridente. Una risa que termina por transformarse en un lamento. Donaciano queda solo. Una voz canta. Donaciano se vuelve sombra entre las sombras Entra la llorona de seda vaporosa, cabellos sueltos mecidos por el aire, melancolía en el andar. La llorona hace círculos de seda vaporosa al desplazarse entre luces de tenues tonos.)
Voz.- Todos me dicen el negro, Llorona.
negro pero cariñoso.
Yo soy como el chile verde, Llorona.
Picante pero sabroso.
Yo soy como el sol de marzo, Llorona
Ardiente pero sabroso.*
Sombra.- Dicen qué no tengo penas, Llorona.
Porqué no me ven llorar.
Hay muertos que no hacen ruido, Llorona
Y es más grande su penar.*
Voz.- Venía del río un día, Llorona
Cuando yo te vi venir,
Hermoso huipil llevabas, Llorona
Qué la virgen te creí.*

Sombra.- Hay muertos que no están muertos,
Hay vivos que no están vivos.
Hay lamentos, de lamentos

Voz.- ¡Ay, de mí! Llorona, Llorona,
Llorona de azul celeste.
Aunque la vida me cueste
Llorona. No dejaré de quererte.*

Sombra.- (la sombra va encogiéndose lentamente. Para quedar en posición fetal.)
Hay muertos que no están muertos,
Hay vivos que no están vivos.
Hay lamentos, de lamentos.
Hay llanto que es hijo de su llanto.

Llorona.- Duele la vida cuando inicia, duele la vida cuando acaba. Duele la muerte por ser vida. Duele la vida por ser muerte.
Sombra.- Lo que da la vida también la quita.
Llorona.- El odio a veces ciega el entendimiento. Nacimos en el odio, crecimos con sus cadenas y aprendimos a sabernos miserables. Un día el inquisidor tocó a mi puerta, abrió mis piernas con violencia, dejó escurrir su veneno. Así creció mi niño en este vientre acuoso. Se fue formando día con día, bebiendo el llanto de mis noches, tomando su alimento de esta sangre emponzoñada. Nació cómo todos. Hermoso como el sol.
Pero al verlo a los ojos no encontré los míos. Me cegó la furia. Lo sumergí en el río para qué el azul del agua borrará sus ojos azules.
Sombra.- Quien da la vida también la quita. Madre.
Llorona.- Mi hijo tenía la cara de sus hijos. La piel morena, los ojos del inquisidor, los labios de su madre. Tragó toda el agua del río hasta volverse una lágrima que se me escapo de las manos. Se disolvió. Se lo trago la corriente. Se fue, se fue, se fue con todos los hijos de sus hijos. Los hijos de mis hijos. Mis hijos mi pobres hijos... (Se escucha el sonido de un viento huracanado. La llorona suelta al aire una interjección que parece el gemido de una fiera herida. Sale arrancándose el cabello, haciendo jirones la ropa, desgarrando el universo con su dolor. En el piso la sombra adormece como el gusano en la crisálida. Una música de tambores y chirimías se va confundiendo con los acordes de un clarín de guerra. La sombra va liberándose de su envoltura. Donaciano en traje de campaña.)
Soldado raso .- Nos mandaron a sofocar a los indios. La creíbamos fácil pero la lucha fue cuerpo a cuerpo.
Donaciano.- Así pelean los hombres cuando lo único por defender es la existencia.
Soldado raso .- Eran chuchos cuereros los muy indinos. Y pos, nomás no rajaban. Nosotros traibamos mejores rifles pero nos costo uno y la mitad del otro darles su aplacón.
Donaciano.- Sí algo aprendí de los Yaqui fue que los hombres luchan con las patas o con las manos desnudas si es preciso, pero ya una vez vencidos son borregos con alma de cimarrones.
Soldado raso .- Los trepamos en un tren pa´ reubicarlos. En llegando a la primera estación, ellos querían pinole de comida y les dimos puro chile con tortilla. No he visto lengua ni culo más aguantador que el de los indios. Se lo tragaban todo cómo si nada. Tienes la cola bien curtida. Le di una patada en el estomago a un chavalillo que con harta ganas se tragaba su taco.
Donaciano.- El Fidel pateó con saña a uno delos indios. Los nuestros rieron. Los indios miraron al infinito. Quién lo diría que al mes siguiente nos comeríamos con ánimo el picante y las ratas del desierto. (el soldado raso desaparece entre las sombras, Donaciano se quita la casaca militar, la acomoda en un rincón. Natividad entra. Llevando un fardo en sus espaldas. Donaciano no lo mira.)
Donaciano.- Hace dos días que llego la chuparrosa a visitarme. ¿Por qué usted ha tardado tanto?
Natividad.- La carretera se me hizo eterna.
Donaciano.- ¿Acaso se vino en carreta?
Natividad.- Algunos tramos en troca, otros a pie.
Donaciano.- Y ni pa’ qué preguntarle como le fue.
Natividad.- En Santiago la hice de paletero. No me iba mal.
Donaciano.- Se le ve en las trazas.
Natividad.- Después del incendio de mi casa. Me regalaron estos trapos.
Donaciano.- Ta´ bueno pues.
Natividad.- Me dijeron que una mujer salvo a mis hijas del incendio. Y a dos de los escuincles de mi vecina. Dicen que la vieron salir desde la misma desembocadura del río Santiago. Muchos juraron y perjuraron que venía flotando desde el estero.
Donaciano.- ¿Qué usted no la miró?
Natividad.- Dicen que yo me reía como un loco. Por eso la gente me culpó del incendio. Yo lo siento por las casas del tío Inés. Ni una sola quedó parada.
Donaciano.- Pos ya qué. Lo bueno de todo esto es que ya esta en su punto la caña. Así que en llegamos a un buen acuerdo yo lo empleo como peón. ¿Qué dice?
Natividad.- Gracias apá.
Donaciano.- ¿Y la mujer y las crías?
Natividad.- Mi mujer esta con su madrina y mis hijas con mi cuñada.
Donaciano.- Allá están bien. Corte unas pencas de nopal y unos elotes para que traguen.
En el fondo de la huerta también hallará algunos ejotes y calabazas de castilla. Se los lleva y mañana regresa al clarear el alba pa’ iniciar con la quema de la caña.
Ande pues, qué no tarda en ponerse el sol.
Natividad.- Sí apá. (Natividad sale. La noche se llena de estrellas.)
Llorona.- Donaciano.
Donaciano.- ¿Qué buscas por aquí?
Llorona.- Pasaba por el río.
Donaciano.- ¿Por dónde más habrías de pasar?
Llorona.- Vengo de otras tierras.
Donaciano.- ¿Qué sabes de un incendio cercano al río?.
Llorona.- ¿Debía de saber algo? ¿por qué no se lo preguntas a los chaneques?
Donaciano.- Ellos cuidan mi huerta de los intrusos y nada más.
Llorona.- Ni son buenos ni son malos. Solo lo que quieras tú.
Donaciano.- Mi hijo ha vuelto a mí.
Llorona.- ¿Y tú has vuelto a él? (Donaciano, no acierta a dar respuesta. La llorona. Le da la espalda. Se vuelve estatua.)
Donaciano.- ¿Por qué siempre me...? ( Se escucha el sonido el viento que arrastra hojas y cadenas. Pasos que avanzan. Una voz cavernosa se escucha. Donaciano saca su machete y encara al visitante. )
Voz de espectro.- Donaciano.
Donaciano.- ¿Eres de este mundo o del otro?
Voz del espectro.- Soy del otro.(Donaciano guarda en la funda el machete y sin premura cuestiona)
Donaciano.- ¿Qué es lo que quieres?
Voz del espectro.- Tengo dos cargas de oro enterradas junto al viejo encino.
Donaciano.- ¿Y que quieres que haga?
Voz del espectro.- Sácalas.
Donaciano.- Ven de día.
Voz del espectro.- No puedo hacerlo.
Donaciano.- Entonces vaga por siempre. (La luz se va al oscuro. Donaciano en cuclillas escarba con una daga la tierra a sus pies. Saca de la bolsa de su camisa unas semillas de maíz rojo. Las deposita en el agujero. En tanto murmura una especie de oración. ).
Donaciano.- Una pal’ conejo,
una pal’ tejón,
una pal’ cabrón chaneque
qué cuidará la cosecha
de este callejón.**
( Luego echa mano a un bule que trae colgando. Le quita el olote que cubre el orificio. Vacía un poco de agua. Luego cubre con cuidado las semillas. Natividad llega con una calavera en la mano).
Natividad.- Oiga, jefe.
Donaciano.- Dígame.
Natividad.- Andaba sembrado caña cuando le di de canto con la coa.
Donaciano.- ¿Dónde lo has encontrado?
Natividad.- Cerca del encino.
Donaciano.- A este le dieron el tiro de gracia.
Natividad.- Voy sacar todos los huesos para llevarlos a campo santo.
Donaciano.- ¿Pa’ que pues? (Le avienta el cráneo. Natividad lo cacha)
Natividad.- Lo piensa dejar ahí.
Donaciano.- ¿Me pregunta o lo afirma?
Natividad.- Pues...
Donaciano.- Déjelo dónde lo encontró y aprovéchelo de abono. ¿No entendió? Échele encima unas cañas. (Natividad sale)
Voz del espectro.- Donaciano.
Donaciano.- El mismo de viste y calce.
Voz del espectro.- Saca el oro Donaciano.
Donaciano.- No me interesa. ¿Eres el del encino? Contesta.
Voz del espectro.- El mismo.
Donaciano.- ¿Le has puesto guardián?
Voz del espectro.- No.
Donaciano.- ¿De quienes son tantos huesos? Los he encontrado sembrados por todo el campo.
Voz del espectro.- Soy ajeno a ellos. Yo solo soy un arriero que enterró dos cargas de oro junto al encino.
Donaciano.- Eso mismo quería saber.
Voz del espectro.- Lo sacarás.
Donaciano.- Tengo todo lo que ocupo.
Llorona.- (entrando de improviso) De verdad lo tienes todo.
Donaciano.- ¿Qué más puedo desear?
Llorona.- Desear es una palabra muy comprometedora, Donaciano. Desear es la base del hechicero. Desear es la insatisfacción. Desear es el encuentro con el infinito y sus misterios ¿Pero qué puede desear un hombre duro como la roca de un volcán?
Donaciano.- No me interesa saberlo.
Llorona.- El arroyo arrastra lágrimas entreveradas con pedruscos y piedrecillas. Arenitas de durezas deslavadas por los años. Ya no eres el mismo de antes. Lo sabes. Lo sientes. ¿Por qué lo niegas?
Donaciano.- Cállate.
Llorona.- La Prieta murió hace días.
Donaciano.- La gente muere todos los días.
Llorona.- Murió de vieja y soledad.
Donaciano.- Me despertó en la madrugada la vieja bruja.
Llorona.- Bien sabes que dotes de bruja no tenía. Solo era mujer y ya estaba vieja.
Donaciano.- Le habrás asustado.
Llorona.- Eramos amigas.
Donaciano.- ¿Amiga tuya?
Llorona.- Lo mismo que tú.
Donaciano.- Ya. Si aguantarte es ser amigo. Lo soy. (sonríe)
Llorona.- ¿La extrañas?
Donaciano.- ¿A la prieta? ¡Qué va!
Llorona.- Entonces a quién.
Donaciano.- A nadie que este muerta (La llorona lo mira con aire de lo sé todo) A nadie que este viva.
Llorona.- ¿Sabes que lo único que desean los muertos es el estar vivos? (sale lentamente mientras suelta su último parlamento ) ¿Tú que deseas Donaciano? (Donaciano la mira alejarse, hay en su ojos cierta ternura, pareciera seguir sus pasos por una eternidad)
Donaciano.- Lo que yo deseo. Si lo dijera llorona. Si lo dijera. (el viento sopla con fuerza, un viento helado. Donaciano se cubre con un gabán, se nota avejentado. Entra la prieta. Donaciano dormita)
La prieta.- ¿Sé puede?
Donaciano.- Ya estás adentro.
¿A qué has venido?
La prieta.- De visita. Soldadito de papel.
Donaciano.- A estas horas. Solamente los fantasmas se deslizan bajo las puertas.
La prieta.- Solamente, Donaciano. Solamente.
Donaciano.- ¿Ya te vas?
La prieta.- Me gustaría decir que no.
Donaciano.- Pues, ya qué.
La prieta.- sí.
Donaciano.- Recuerdo cuando te vi. Traías comida para la tropa. Venías con la Josefina.
La prieta.- Me miraste. Pero yo era la prieta, la que solo se busca para unos instantes.
La morena para el disfrute, la más pálida para el hogar. Lo sé. Por algo me llamaron Soledad.
Donaciano.- Ella se fue.
La prieta.- Nadie es posesión de nadie. Soldadito.
Donaciano.- Ustedes se odiaban.
La prieta.- Cosas de mujeres. Nada más. Tan amigas como enemigas. Tan hermanas como entenadas. Nada más.
Donaciano.- Te vas.
La prieta.- Ya amanece.
Donaciano.- Dicen que las sonrisas de las negras solo se ven bien de noche.
La prieta.- Será por que brillan sus dientes como las estrellas y su llanto no se mira en la oscuridad.
Donaciano.- Buen viaje. Soledad.
La prieta.- Buen viaje, Soldadito.
Donaciano.- Yo no estoy yéndome.
La prieta.- Quién ruega por otro ruega por sí. (La prieta. Sale. Donaciano tiembla de frío. Entra natividad echa semillas sobre la tierra recién arada. Se detiene de vez en vez a mirar el horizonte. Donaciano lentamente se despereza. Va hacía natividad)
Donaciano.- ¿Ha sembrado calabaza de castilla?
Natividad.- Entreveradas con las matas de maíz y de fríjol.
Donaciano.- ¿Ve aquella ladera?
Natividad.- ¿La de cerca del arroyo?
Donaciano.- Esa mera.
Natividad.- Sí
Donaciano.- Por ahí mismo hay un camino que lleva a una ciudad encantada.
Natividad.- Ya va a iniciar con sus cuentos.
Donaciano.- Me dicen los chaneques que solo se abre en viernes santo, cada siete años. Es una puebla de indios. Me dicen que cuando se abre uno puede tomar los frutos de sus jardines. O beber del agua cristalina que mana de una roca de volcán. Me dicen que hay oro y plata y que brilla todo. Pero que solo tienes unos instante para apreciarlo y salir. Sino no lo haces te quedas ahí hasta que se abra la puerta. Más jamás envejeces dentro de ella.
Natividad.- ¿Ha estado en ella?
Donaciano.- Solo una vez la vi de lejos.
Natividad.- ¿por qué no entró?
Donaciano.- ¿Pa´ qué pues? Uno no debe evadirse a su destino.
Natividad.- ¿Los indios lo hicieron?
Donaciano.- No.
Natividad.- ¿Entonces?
Donaciano.- Aprendieron qué morir de a balde o perder lo suyo no tiene caso. Optaron por encerrarse para permitir que solo aquellos que pueden ver tras lo evidente los descubran una vez, y aprendan por siete lunas que existen mundos más allá de los nuestros. Para que sepan del olor a miel de abejas sin ponzoña, a maíz moreno, a carne de venado rebanada con hojas de ixtete.
Natividad.- Nunca le había oído hablar así.
Donaciano.- Tal vez los años me dan el permiso para ello.
Natividad.- Tal vez usted se lo ha dado.
Donaciano.- Cuando salí de mi tierra llevaba el alma en un hilo. Luego, lueguito halle mujer. Ella iba con la tropa a donde quiera que esta fuera. ¿Y sabe usted? No es buena la soledad para el soldado. Y una galleta nos quita esas ganas de dejarse dar un tiro. Yo fui enrolado por leva. Un regalado que adquiere disciplina militar aún en contra de su propia voluntad. Eran los tiempos de una revolución que a mí la verdad no se me daba pelear. Pero lo hicimos. Luego que perdimos una batalla deserté, y anduve un tiempo con los rebeldes y deserté. Anduve rodando como las piedras, con una ex-soldadera, su hermana la mayor y usted de brazos. Ya no quería más guerra. Pero la guerra se lleva dentro, enconada, y nosotros somos los hijos de las guerras. Ya usted recordará la cristera. Tal como mi padrastro recordaba la francesa.
Natividad.- ¿Cómo fue esa?
Donaciano.- Fue una guerra de guerrillas por mi tierra. Atacaban los nuestros y se retiraban el asunto era causarle algunas bajas en el enemigo.
Natividad.- Pero no hubo batallas importantes por estas tierras.
Donaciano.- Toda batalla es importante. En ella nos jugamos la vida en un volado de cara o cruz.
Natividad.- ¿Su padrastro peleó en ella?
Donaciano.- Debió de hacerlo para defender su tierra de nacencia. A dos gentes se les debe de considerar. A quién defiende su terruño y a quién sabe golpear donde más duele. Y quien conoce su territorio sabe muy bien como golpear e irse. Y a esos hay que temerles por partida doble.
Natividad.-Yo aún recuerdo la del 29.
Donaciano.- La guerra, pa’ que la vive jamás se olvida.
Natividad.- Los cristeros bajaban a la hacienda con un pañuelo rojo al cuello.
Traían muy buenos caballos, mejores que los de los guachos. El hacendado les daba suministros y al mismo tiempo mantenía a los soldados. Hay que estar con dios y con el diablo para que esto prosperé. Y los unos y los otros le dejaban en paz sus tierra y ganado.
Donaciano.- Estrategia de guerra mijo. Estrategias de guerra. (Donaciano va hacia proscenio)
Natividad.- ¿Qué tanto mira apa? (Donaciano no lo escucha)¿cuáles son sus piensos, jefe? (Donaciano absorto mirando al horizonte, la luz disminuye para mostrar un gris matizado de rojo atardecer. Natividad se va perdiendo en la penumbra. Queda solo Donaciano, solo con sus recuerdos.)
Donaciano.- Cuando dejé la milicia duramos un tiempo en Zacatecas. En mi tierra. Luego vino una sequía y las tierras ya no dieron más nada. Y un buen día tomé las mulas y al no encontrarles comprador me regresé a la casa diciéndole a mi vieja. Preparé todo que nos vamos. Así nos fuimos de pueblo en pueblo. Hasta llegar a este sitio donde le nacieron tres niñas que se fueron como la mayor y su madre. Mmm. Tal vez por eso aún sigo aquí. Muy cerquitas de mi tierra.
Todas las noches la miró a la distancia. La observo cuando subo al risco. Y muchas veces quisiera recurrir a las artes del Alfredo. Trasformarme en lechuza o en aguililla y lanzarme a volar sobre esas tierras. Pero yo no domino esas artes. Y es una lastima por que solamente una barranca nos divide. ¿Por qué será que Jalisco y Zacatecas se acarician en el borde del vacío? (La luz va al oscuro. Noche estrellada. Concierto de búhos, grillos y cigarras. Donaciano queda solo. Donaciano mira al infinito. La llorona entra.)
Llorona.- Donaciano.
Donaciano.- Me has dado un susto.
Llorona.- ¿A ti?
Donaciano.- A mí.
Llorona.- A ti solamente la vida te asusta.
Donaciano.- ¿Qué haces por aquí?
Llorona.- Quise subir a ver la lejanía.
Donaciano.- ¿Acaso no la conoces?
Llorona.- No tanto como tú.
Donaciano.- Mi madre me contaba la historia de un judío errante.
Llorona.- Creo haberlo visto alguna vez. Pero todos los hombres descendientes de las tribus del Israel, del Arabia y de esa España se me hacen uno solo. Vagan sin rumbo.
La mayor parte del tiempo queriendo evadirse de su propia esencia. Vagan sin rumbo, sin saber a ciencia cierta para donde van o que es lo que buscan. Si acaso saben de donde han venido. Si acaso logran entrever un poco de lo suyo que ya es mucho más de lo que pueden apreciar lo ajeno.
Donaciano.- Tu haces lo mismo.
Llorona.- No. Yo busco a mi hijos. Mis hijos de maíz entreverados con la sangre de la madre tierra. Es diferente mi vagar. Es diferente este transitar hacía la nada. Lo asumo como mío como parte del entender mi vientre, no como parte del negar la esencia... en eso somos diferentes Donaciano.
Ustedes niegan vientres de tierra alcanforada. Nosotros besamos el polvo del universo. Ustedes lo sacuden, les molesta, nosotros lo bebemos día con día, de luna en luna, de sol en sol. Ustedes son los hijos del silencio obligado en tierra ajena. Nosotros somos los que callando preservamos nuestra esencia. Nuestro grito nace de la esencia y se madura con la fuerza de la tierra, el aire que bebemos, el agua que transpira los poros de la piel. Ese líquido vital que va recorriendo los recovecos del espíritu y besa a la tierra fervorosamente en su caída. Mi grito y tu silencio son diferentes. El silencio de ustedes sabe a grito de angustia. El mío no. Son ustedes los que miran de ese modo. Son ustedes. Solo ustedes quienes en su incapacidad de verse en el vacío lo entienden así.
Donaciano.- Llorona llévame al río,
llévame al río llorona.
Llorona.- No. Donaciano. El río no te espera para acogerte en su vientre. Además los chaneques no me dejarían llevarte.
Donaciano.- Ellos harán lo que les pida.
Llorona.- Eso no. Donaciano. Eso no.
Donaciano.- ¿Por qué no?
Llorona.-Por qué solo les interesa un espíritu pequeño. Pequeñito. Por qué los niños contienen el infinito y en él tienen cabida una infinidad de mundos.
Donaciano.- Los muy ladinos los capturan cuando uno de ellos pasa junto al agua corriente. Por eso la gente llama al hijo por su nombre. Le grita al espíritu para que no se quede atrapado por los duendes.
Llorona.- Los hombres venidos del occidente no lo entienden. Los chaneques son fascinados por los espíritus pequeños y los estos por los otros. Sus energías se vuelven una sola y entonces el espíritu del agua se vuelve un espiral que calma la sed del universo.
Donaciano.- ¿Porqué no se puede domesticar al universo para obligarlo a beberse la miel de su ponzoña?
Llorona.- No comprendes ni tu esencia ¿y así pretendes dominar al infinito?
Donaciano.- Espera.
Llorona.- No puedo ahora, voy de regreso al nacimiento de este arroyo. Vengo del mar y voy al infinito.
Donaciano.- ¿Por qué nunca lloras de regreso al manantial?
Llorona.- Si mis hijos no llegaron al mar. Entonces estarán río arriba y ellos están muy cerca de la madre tierra. Donde brota su sangre cristalina, donde la vida se renueva, donde el ocaso no alcanza a disolver las esperanzas.
Donaciano.- ¿Qué es la esperanza? ¿Dónde la encuentro a estas alturas de la vida? Contesta. No te vayas.
(Donaciano talla con su daga una madera de equipal. Entra Natividad.)
Donaciano.- Así que usted participó en aquello de la repartición de la tierra.
Natividad.- Así es.
Donaciano.- Pues que no se diga que el hijo de Don Chano no ha sido gallo de pelea.
Natividad.- Tengo unas tierras junto a la laguna.
Donaciano.- Esas son buenas.
Natividad.- Las voy a cambiar por las que están junto al arroyo seco.
Donaciano.- Usted sabrá, pues. Sus negocios suyos son. Yo ya estoy en las últimas.
Natividad.- Con todo respeto, pero dicen que la mala hierba nunca muere.
Donaciano.- Pues, no saben nada de la guadaña de la muerte.
Natividad.- Será.
Donaciano.- Llévale esto a tu mujer.
Natividad.- Qué hará con ello.
Donaciano.- Lo lavará en el arroyo.
Natividad.- ¿Para?
Donaciano.- El domingo vienes y me entierras con esas garras.
Natividad.- No diga usted eso.
Donaciano.- ¿Por qué no hacerlo?
Natividad.- No la llame.
Donaciano.- Ella viene a mí como la hembra al macho. A cohabitar con la vida. Vida y muerte al volverse una nos ayudan a emprender el viaje hacia el Miztlán. Eso lo aprendí de un viejo indio que llevábamos atado de pies y manos. Lo entregamos a los rurales.
Ellos sabían lo que hacían. Lo colgaron y tuvo la dignidad de atarse el mismo la soga al cuello. Había llegado su momento. Pidió ser su verdugo. Los rurales no querían, le puse el rifle a uno de ellos, aquí mérito. Y qué lo dejan ajusticiarse a sí mismo.
Retorno a la madre, me dijo, retorno a ella desde el aire. Y espoleó a la montura y tragamos saliva los presentes al ver su cuerpo flotar. Por esa ocasión no lo dejaron de ejemplo los rurales. Por esa ocasión lo descolgaron. No querían que fuera mensajero ante sus dioses. Por qué ellos mueren y se vuelven mensajeros. Nosotros nos vamos con la creencia de ser solo unos reos sujetos a condena.
(La luz va al oscuro. Donaciano camina en el medio de la nada. )
Llorona.- Me encontré con ella.
Donaciano.- Tu la respetas.
Llorona.- Todo el mundo le brinda sus respetos. Si acaso juega a faltarle, pero al final se le respeta.
Donaciano.- Ya no le temo.
Llorona.- ¿Quieres que te lleve al río?
Donaciano.- Quiero ver el infinito contigo.
Llorona.- Hace frío.
Donaciano.- Tu no puedes sentirlo.
Llorona.- Siento el tuyo como mío.
Donaciano.- Todos retornamos al seno de la madre tierra. A buscar su calor.
Llorona.- ¿Te llevo al río?
Donaciano.- Puedes hacerlo.
Llorona.- Quiero hacerlo.
Donaciano.- Ya no tarda en salir el sol.
Llorona.- Ella no tarda en venir.
Donaciano.- Lo sé. Tres golpes en la puerta son tres días. Su mensajero llegó, a mí, hace tres lunas; y ya solo me quedan sesenta golpes de silencio. (Una luz intensa similar a una estrella queda atrás de ellos) ¿Te volveré a ver?
Llorona.- ¿Quieres verme?
Donaciano.- Tú lo sabes todo.
Llorona.- Hay caminos que van paralelos y jamás se juntan. Por qué el universo sabe de equilibrios, por eso somos dos líneas que se entrecruzan pero que jamás se tocan.
Donaciano.- Quisiera tocarte.
Llorona.- Yo también.
Donaciano.- ¿A dónde vas?
Llorona.- Voy rumbo al mar.
Donaciano.- ¿Me darás el mar de tus lágrimas?
Llorona.- Sabes que son tuyas las que derramaré río abajo.
Donaciano.- ¿Y las del río arriba?
Llorona.- Las guardó para el regreso.
Donaciano.- ¿Me darás alguna de ellas?
Llorona.- Quizás
Donaciano.- Quizás es nunca.
Llorona.- Nunca es nunca. Debo irme.
Donaciano.- ¿Me iré detrás de ti?
Llorona.- Te irás. Me iré. Nos iremos yendo cada cual por su vereda, cada cual por su sendero. (Donaciano intenta decir algo la llorona se lleva el índice a los labios, como diciendo calla, luego parece lanzar un beso, luego su mano traza círculos como diciendo adiós.)
Te vas cuando la luna agoniza. Te vas cuando el arroyo mezcla su canto con las aves canoras. Te vas diluyendo poco a poco como la espuma del mar cuando su llanto amargo besa la roca. Te vas cuando las estrellas se vuelven piedras que hieren con sus puntas las plantas de los pies. Te vas y yo me voy por otros ríos. (La llorona se va diluyendo en una luz brillante. Oscuro total. Amanece. Donaciano, al centro, duerme la siesta eterna. Arriba derecha. Hombres y mujeres entran cabizbajos. Llevan en hombros un ataúd de madera tosca. Las velas , que portan , les da un aspecto fantasmagórico. Se escucha cantar el alabado. Van caminado en círculos en oposición a las manecillas de reloj. En espirales hasta formar un círculo estrecho alrededor de Donaciano. Continua el alabado. El ataúd, de pie, frente al público.
La luz adquiere tonos magentas. El telón se cierra lentamente.)
Madrugada del 9 de febrero de 2004.Primer tratamiento.
24 de Junio de 2004 a las 11:25 P. M . Segundo tratamiento
29 de junio de 2004 10:25 P. M . Tercer tratamiento.
Notas *Fragmentos de la llorona. Canción popular mexicana anónima.
**Ritual de siembra. Que textualmente dice: Una pal conejo/ una pal tejón/una pal cabrón que pase por el callejón

Comments on "Las piedras caen, las piedras ruedan"

 

Anonymous Anónimo said ... (26/2/08 22:41) : 

Pues no tengo el gusto de conocerlo, pero creo que me parecio so tedioso, so aburrido, so inzípido. me dirá que no sé de literatura pero pienso que la riqueza de las palabras se encuentra en el placer que puedan brindar a la humanidad.

LA HUMANIDAD SOMOS TODOS.

A Y QUE MAMADAS SON ESAS DE PONER UNA INTRODUCCIÓN EN NAHUATL O NO SE QUE CHINGADOS

 

Anonymous Anónimo said ... (25/5/08 22:28) : 

Creo que generalmente los textos dramáticos tienen por objetivo el montarse y bueno habrá que verlo montado para saber que realmente sea tedioso. Sin embargo notó que contiene algunos elementos propios de la identidad mexicana. Y sí, efectivamente es nahuatl el texto que, no es introducción, sino una referencia a algo que motivo al autor a escribir el texto. Son cosas recurrentes y normales en cuando un escritor escribe algo en base a una sintésis d elo que pudiera ser la obra. No tengo ahorita a la mano como se denomina a esa cita. En el caso de la obra de este autor sus referencias en gran medida son históricas. Tiene algunos elementos poéticos y hace referencia a un México que evolucionó desde la guerra de México contra la intervención francesa, la revolución mexicana y la guerra cristera. Igual habría que ver el ritmo de la obra en montaje y no en lectura. Y respecto a que si la obra literaria es para la humanidad, claro que lo es, pero la humanidad tiene diversos matices y no todas las humanidades la perciben igual.
Arturo de Villanueva Salazar

 

Blogger MAZTEATRO - CHILE said ... (26/5/08 00:31) : 

Normalmente no intervengo en las opiniones vertidas, pero en este caso precisaré un detalle y concuerdo con Arturo, una cosa es la obra escrita y otra la obra montada, eso lo sabe quien al menos se ha subido una vez a un escenario.
Ahora si la obra gusta o no eso es parte del particular mundo de cada uno.

De cualquier forma, Jesús Cruz, es uno de los dramaturgos mas potente de la nueva generación mexicana y se le augura un exitoso futuro.

Gustavo Araneda
Director

 

Anonymous Anónimo said ... (26/5/08 19:20) : 

Coincido también con arturo y con Gustavo. La obra me gusto, hay que imaginársela con todo lo que implica en escena. Tiene bastantes posibilidades de un buen montaje. La factura es fina y de sustancia social. Yo le recomendaría a nuestro amigo lector, una cosa que se recomienda a cualquier lector. No emitamos juicios cuando acbamos de leer la obra. Cuando una obra nos pega como sin duda le pego al amigo que despotro contra ella, la solución es simple, imprimirla, o guardarla y volverla a leer cuando ya estemos serenos. Y esto también debe acompañarse con una reflexión del porque no nos gusto. Muchas veces y sobre todo con textos dramáticos lo primero que pasa al lector experto, y mucho más al no experto, es el bloqueo por el choque psicológico que nos dió, el texto. Felicidades al dramaturgo que se ve que tiene una formación que es el producto de una reflexión continua sobre la realidad.
Víctor Macías.

 

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